viernes, 29 de junio de 2012

Uno más de los nuestros.

A veces es complicado no diferenciar a las personas, a no verlas como los mundos gigantescos que son, y nuevamente verlos a todos tan parecidos, como sombras de sombras.

Seguimos al sagrado arquetipo, nosotros y dos billones de humanos más. Seguimos lineas invisibles al intentar evitarlas, así mismo como las seguimos sin importar donde vayamos o en que dirección. Huir de ellas no tiene sentido, ya que su único escape es la muerte, pero lo que si tiene sentido es reconocerlas. Saber a donde van las cosas. Kyo sabe esto, desde un punto de vista muy personal, pero lo sabe.

Siguiendo los legendarios arquetipos se vuelve todo lo contrario: Las personas que tan diferentes son se vuelven tan iguales..., como dije arriba; la misma sombra.
Padre, Héroe, Trickster. Somos todos la misma familia.

Los gigantescos universos que son cada ser se vuelven difusos, pierden sus bordes y se hacen uno.
Yo, Kael, Gabo, Cj, Ever, Haze, Kyo, Kaizo, Hidan, Dios, Pepsiman, Robert y ese sujeto que duerme detrás de los portales del alma ,avellana, que porto..., todos esos sujetos; todos los sujetos de este universo, porqué no sé del siguiente, seguimos una silueta oscura que representa nuestro ser.

A veces es imposible saber donde termina uno y empieza el otro. A veces no hay un límite que los separe.
Yo soy Gabo, así como Gabo es Kael y así sucesivamente hasta volver a mi mismo, porqué Todos somos Uno.

Y uno...

Somos todos.

Uno como lo es Kyo, que también soy yo y es el siguiente en el gigantesco mapa conceptual que define a cada uno.
Uno más de los nuestros.

martes, 12 de junio de 2012

El extranjero

A pesar de todo lo que escribí hasta ahora..., hay un sentimiento añadido con firmeza en mi médula.
Pero para explicar este sentir, pero debo explicar qué lo genera.
Como en muchas otras "sesiones" de terapia escritas en este mismo blog, explique la contradicción personal de ser un antisocial que requiere estar cerca de la gente. Esto también se aplico para mis más cercanos compinches.

Hay una cosa, inigualable, que tan solo saber su existencia vuelve la mía una espiral de obscuridad.

Se trata, ni más ni menos, de la empatía que pueden sentir las personas fuera de mis círculos. Esa forma de comprenderse más allá del plano que yo entiendo.
Pero son cosas de las que no quiero hablar, tanto por vergüenza como por mi reciente debilidad por las debilidades.
Lo que es, es. Y yo no puedo hacer nada al respecto, salvo disparar otra y otra vez hasta dar en el blanco.
Es por eso, que cuando veo a mis amigos, siempre voy a ser el extranjero, the outsider.

El niño pequeño en el parque que mira a otros niños divertirse, y no es lo suficientemente fuerte como para preguntar si puede jugar.