A pesar de todo lo que escribí hasta ahora..., hay un sentimiento añadido con firmeza en mi médula.
Pero para explicar este sentir, pero debo explicar qué lo genera.
Como en muchas otras "sesiones" de terapia escritas en este mismo blog, explique la contradicción personal de ser un antisocial que requiere estar cerca de la gente. Esto también se aplico para mis más cercanos compinches.
Hay una cosa, inigualable, que tan solo saber su existencia vuelve la mía una espiral de obscuridad.
Se trata, ni más ni menos, de la empatía que pueden sentir las personas fuera de mis círculos. Esa forma de comprenderse más allá del plano que yo entiendo.
Pero son cosas de las que no quiero hablar, tanto por vergüenza como por mi reciente debilidad por las debilidades.
Lo que es, es. Y yo no puedo hacer nada al respecto, salvo disparar otra y otra vez hasta dar en el blanco.
Es por eso, que cuando veo a mis amigos, siempre voy a ser el extranjero, the outsider.
El niño pequeño en el parque que mira a otros niños divertirse, y no es lo suficientemente fuerte como para preguntar si puede jugar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario